Mesa de Análisis y Desarrollo

Espacio para el debate de las ideas, la reflexión y propuestas que apuestan al desarrollo

MESA DE ANALISIS Y DESARROLLO

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Somos ciudadanos, dirigentes y activistas del movimiento social, miembros y dirigentes de organizaciones políticas, intelectuales comprometidos con las mejores causas, hombres y mujeres del pueblo llano, todos preocupados por la falta  de principios, valores e iniciativas  en el ámbito político, sobre todo,  en el marco  del debate de las ideas y propuestas, hemos tomado la decisión patriótica   de crear un espacio “mesa de análisis y desarrollo” para la reflexión y el debate de las ideas a la luz de nuestra realidad económica, social y política. En los debates, reflexiones, propuestas y conclusiones en lo concerniente a nuestra clase política se manifiestan un conjunto de críticas. Después de valorar estas críticas se pasa a buscar sus causas. Lo que nos compromete a estudiar profunda y concienzudamente la situación actual nacional y la historia económica, social, política y cultural dominicana.

Los partidos políticos tradicionales ya no escuchan lo que la gente dice, quiere o necesita. No hay un diálogo real entre ellos y la sociedad.  Han olvidado discutir los principios fundamentales de carácter ético y filosófico; no tienen ninguna propuesta seria y coherente ante el pertinaz empobrecimiento del Pueblo Dominicano. En el mejor de los casos, las agendas de esas organizaciones tradicionales se limitan a planear las actividades electorales, pero cotidianamente las discusiones versan sobre los conflictos internos, las ofensas y cuentas pendientes de un grupo con otro.

La mayor parte de nuestros políticos  se la dan de pragmático; una cierta dosis de pragmatismo es necesaria en la actividad política; pero cuando éste se lleva más allá de ciertos límites, el problema es que se fomentan ideas contrarias a los principios  y valores.

La “MESA DE ANALISIS Y DESARROLLO”, se ha propuesto como misión,  responder a las necesidades de los diferentes sectores de la población, enriqueciendo  la plataforma socio-económica, vía el modelo de economía solidaria (Proyectos socio-productivos), donde lo más importante es la gente, y por demás posicionarnos en la competencia del debate político, social y económico, estableciendo las estrategias programáticas con el concurso de líderes sociales, mediante la captación y  movilización de la demanda comunitaria, en torno a las necesidades  de los distintos grupos excluidos de la sociedad. Por igual, “LA MESA DE ANÁLISIS Y DESARROLLO” inspirado en el  legado de amor a la Patria heredado  de nuestro padre fundador de la República Juan Pablo Duarte,  de nuestro General eterno, héroe de la guerra patria de la Restauración, General Gregorio Luperón, del maestro apóstol Juan Bosch, entre otros altos referentes históricos que han llenado de gloria el camino hacia  las luchas libertarias en defensa de las mejores causas del Pueblo Dominicano, tiene por visión estructurar a nivel nacional una corriente ideológica y programática  que tenga como propósito diseñar e implementar iniciativas, planes y proyectos que sean políticamente factible, socialmente aceptables y moralmente viables para promover el desarrollo del país con ciudadanos comprometidos, que participen democrática y libremente e incidan  en las decisiones fundamentales de la sociedad defendiendo  los recursos naturales y el derecho del dominicano a su desarrollo económico, político, social e individual en un ambiente sano, de respeto por la vida y la naturaleza.

Las discusiones, aquí en la “mesa de análisis y desarrollo”, son dinámicas, los hechos y fenómenos se ven en desarrollo, con una visión de conjunto e integradora de la realidad. En esa línea de inferencia surgen ideas y propuestas. Propuestas que no pretenden resolver, automáticamente, la situación del país, sino ayudar a que el Estado y sus Instituciones encaucen sus reflexiones en torno a un conjunto de asuntos que no han sido tomados en cuenta.

                         

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El Profesor

El proceso abierto en 1998 con la llegada al Poder Ejecutivo de Hugo Chávez a través de elecciones democráticas, cambió el panorama en Venezuela, y en buena medida, en toda la región latinoamericana.

Venezuela es una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos

Orden Ejecutiva firmada por Barack Obama en marzo de 2015

O inventamos o erramos

Simón Rodríguez

La llegada al poder de Chávez, sin embargo, no fue una revolución popular, socialista, espontánea, como las que se dieron a lo largo del siglo XX en Rusia, China, Cuba, Vietnam o Nicaragua. En realidad fue un proceso sui generis donde un militar formado en el anticomunismo de la Doctrina de Seguridad Nacional (paracaidista de los cuerpos de élite de las fuerzas armadas), sin preparación marxista…

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LA REVOLUCIÓN DOMINICANA DE ABRIL 1965 FUE UNA REVOLUCIÓN AUTENTICA

El Profesor

JUAN BOSCH: La Revolución Dominicana de abril no fue un hecho improvisado.

El Coronel Caamaño enaccióndecombate contra el invasorYanqui

Los Estados Unidos, que en el mes de abril (1965) tenían en Vietnam 23 mil hombres, desembarcaron en Santo Domingo 42 mil. Para los funcionarios de Washington, los sucesos de la República Dominicana eran de naturaleza tan peligrosa que se prepararon como si se tratara de llevar a cabo una guerra de la que dependía la vida misma de los Estados Unidos. La fuerza de los Estados Unidos se usó en el caso de la Revolución Dominicana de una manera absolutamente desproporcionada. Un pueblo pequeño y pobre que estaba haciendo el esfuerzo más heroico de toda su vida para hallar su camino hacia la democracia fue ahogado por montañas de cañones, aviones, buques de guerra, y por una propaganda que presentó ante el mundo los hechos totalmente distorsionados
La Revolución Dominicana…

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CULTURA DEL TIGUERAJE EN RD

El Profesor

Influencia del tigueraje

Políticos, guardias, policías y comerciantes, muestran tigueraje

Estilo de vida. El autor del libro “Cultura del tigueraje en República Dominicana” asegura que en los últimos años ese estilo de vivir ha copado todas las clases sociales, y que hoy en día tenemos elegantes “tigueronas” y “tígueres” con saco y corbata


Escrito por: Arismendy Calderón (arismendy_ak47@hotmail.com)
El estilo de vida del “tigueraje” que prevalece en nuestra sociedad, un patrón de conducta que ha influenciado a los dominicanos en los últimos años, ha generado graves consecuencias porque cuando las personas no obedecen las leyes, las reglas del juego, “se crea el caos y el malestar social”.
Basado en una serie de estudios, el siquiatra, educador, salubrista y terapeuta familiar José Dunker asegura que cuando los ciudadanos de una nación no obedecen las reglas de juego, como está sucediendo en la República Dominicana, “caemos en el caos y una serie…

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Algunos apuntes sobre la situación y evolución de la desigualdad económica en el mundo

Colectivo Novecento

(Artículo publicado en la web de CADTM (Comite para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo) www.cadtm.org)

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La crisis iniciada en 2007 ha situado la cuestión de la desigualdad en un primer plano. De una parte, en cuanto a que la concentración de la riqueza socialmente generada haya actuado como uno de los detonantes principales de ésta. Y por otra, la escandalosa falta de relación entre quienes participaron en la gestación del colapso económico y quienes sufren ahora las consecuencias. Este contexto ha recuperado un debate más de fondo, acerca de la propia relación entre crecimiento económico (o más en general de la propia dinámica capitalista) y la desigualdad. ¿Ha permitido el capitalismo reducir las desigualdades entre ricos y pobres o, al contrario, las ha ensanchado? ¿El mundo es menos desigual ahora que hace 200 años?

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Gran crisis global a la vuelta de la esquina

Las ignoradas causas de la enorme crisis que estamos viviendo

Vicenç Navarro, Público
Por extraño que parezca, poco se ha escrito sobre las causas reales de la enorme crisis económica y financiera que se conoce como la Gran Recesión (que para millones de españoles es la Gran Depresión), crisis que continúa existiendo. Soy consciente de que esta afirmación producirá sorpresa entre muchos lectores, pues se ha escrito muchísimo sobre esta Gran Recesión que, además, se presenta como un hecho pasado, pues se asume que ya hemos salido de ella. Pero veamos los datos.
La Gran Recesión se ha ido gestando desde los años ochenta y está causada por la enorme concentración de la riqueza y de las rentas en la gran mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte, lo que ha estado ocurriendo a costa del descenso de la riqueza y de las rentas de la mayoría de la población, que deriva sus ingresos del mundo de trabajo. En realidad, desde los años ochenta ha habido una redistribución de las rentas con una gran transferencia de fondos de la mayoría de la población a una minoría muy reducida de esta, fenómeno que ha causado la crisis (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio 2013).
La distribución de las rentas en la “época dorada del capitalismo” (1945-1979)
Comencemos por analizar la situación en EEUU (cuyo gobierno federal es uno de los que recoge con mayor detalle la información sobre la distribución de las rentas) y la evolución de las rentas durante el periodo 1945-2014, que dividiremos en dos periodos. El primero va desde la II Guerra Mundial hasta el año 1979-1980. Durante este periodo hubo una redistribución de las rentas, de manera que el 80% de la población (los cuatro quintiles inferiores) vio crecer año tras año sus ingresos un 2,3% anual como promedio, siendo tal crecimiento en las rentas inferiores (2,5%) mayor que en las renta superiores (2,2%). En realidad, el grupo que vio crecer menos sus rentas fue el 5% superior de la población (los súper ricos). Su tasa de crecimiento anual promedio fue de un 1,9%. Durante aquel periodo, los salarios crecieron paralelamente al crecimiento de la productividad. El país iba creciendo, pero las rentas de la mayoría de la población iban creciendo más y más rápido que las rentas superiores (ver Elise Gould, Debates on Income Inequality and Social Cohesion, Economic Policy Institute, February 2016).
La reacción neoliberal (1979-2014)
Pero a partir de los años ochenta, cuando se llevaron a cabo las políticas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en el Reino Unido, y más tarde hechas suyas por la Tercera Vía en el socialismo europeo, esto cambió y se revirtió. A partir de entonces, el crecimiento de las rentas superiores, el 5% superior de la población, fue mucho más rápido (un 2%) que el de las del resto de la población. En realidad, el 40% (los dos quintiles inferiores de la población, que constituyen la clase trabajadora de EEUU) apenas vio crecer sus ingresos durante el periodo 1979-2007 (un promedio del 0,2%). Y en el periodo de la Gran Recesión (2007-2015), que no ha terminado, sufrió un descenso en sus ingresos de un 2,4%. La bajada de la capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la población (la clase trabajadora y las clases medias de renta media y baja) ha sido muy dramática durante esta crisis. Durante este periodo, el crecimiento de los salarios ha sido muy inferior al crecimiento de la productividad. Así, mientras en el periodo 1948-1973 el crecimiento de los salarios (un 91,3% de crecimiento acumulado) fue parecido al crecimiento de la productividad (un crecimiento acumulado del 96,7%), en el periodo 1973-2014 el crecimiento de los salarios fue solo de un 9,2%, mientras que el de la productividad fue del 72,2% (los salarios son la compensación laboral por hora, y todos los datos son acumulativos para el periodo definido. Véase Understanding the Historic Divergence Between Productivity and a Typical Worker’s Pay, Economic Policy Institute, September 2015).
Las consecuencias del crecimiento de las desigualdades de renta
Las consecuencias de este crecimiento de las desigualdades de renta son muchas. A nivel humano (que es el nivel que debería ser más importante), estas desigualdades han tenido un enorme impacto en la calidad de vida, salud y bienestar de las poblaciones. La esperanza de vida (años de vida de la persona) de las personas con niveles de ingreso iguales o superiores a la media ha subido, durante el período neoliberal 1972-2001, casi siete años. En cambio, para las personas de nivel de ingresos inferior a la media (la mitad inferior de la población estadounidense), ha subido solo 1,9 años. En realidad, para las mujeres de clase trabajadora la esperanza de vida ha descendido 3 años, un descenso más que considerable.
Pero lo que es igualmente importante es que cuando analizamos el impacto de este crecimiento de las desigualdades de renta en las áreas económicas, es cuando vemos las causas de la crisis actual. La reducción de la capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la población (al ser el crecimiento de los ingresos mucho menor, e incluso negativo) determinó una bajada muy marcada de la demanda de bienes y servicios, generando un enorme descenso del crecimiento económico, alcanzando incluso niveles negativos como hemos estado viendo en el sur de Europa, incluyendo España. La reducción de los salarios (así como la reducción del gasto público, incluyendo el social) ha sido una de las mayores causas de la Gran Recesión. La evidencia científica de ello es abrumadora y se podía ver fácilmente que las políticas de austeridad y las reformas laborales que caracterizan las políticas liberales (conocidas como neoliberales), encaminadas a reducir los salarios estaban creando un grave problema económico, como ya indiqué en mi libro Neoliberalismo y Estado del Bienestar, escrito en 1997. Hoy, por fin, incluso el último informe de la OCDE y el grupo de investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI) han admitido el error de tales políticas, aunque los economistas neoliberales que monopolizan los espacios mediáticos en España, con chaquetas llamativas o normales, todavía no lo reconocen, aferrados a su dogma liberal.
Cómo se generó la crisis financiera
Pero este descenso de la demanda ha generado a su vez otros dos graves problemas. Uno es que la población, que veía disminuir sus ingresos, intentó mantener su nivel de vida a base de endeudarse. Tanto la población como las empresas y el Estado se endeudaron más y más, con lo cual, el capital financiero (es decir, la banca) creció considerablemente. Pero aquel descenso salarial creó otro problema: el descenso de la demanda de productos y servicios, disminuyendo con ello la rentabilidad de las inversiones en las áreas de la economía productiva, es decir, donde se producen los bienes y servicios cuyo consumo ha disminuido. De ahí que el gran capital (los súper ricos) fuera invirtiendo más y más en actividades especulativas (tales como en el sector inmobiliario) que tienen una elevada rentabilidad. Un resultado de ello es que la actividad especulativa ha ido sustituyendo la actividad productiva, apareciendo así el capitalismo del casino. De ahí que hemos visto que el capital financiero, además de crecer debido al endeudamiento de la población, también ha crecido debido al enorme desarrollo de tal actividad especulativa, puesto que las instituciones financieras se han ido especializando más y más en inversiones especulativas. Hoy tal sector (que es sumamente negativo para la economía) está hipertrofiado en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte, y significa asimismo una enorme absorción de recursos que deberían utilizarse en la economía productiva. España, donde el sector bancario es (en relación con el PIB) uno de los más grandes de la UE-15, es un claro ejemplo de ello.
Pero además de absorber recursos que deberían haberse invertido en áreas productivas (donde se producen bienes y servicios) en el país, la expansión del capital financiero creó una enorme inestabilidad, pues toda actividad especulativa (que crea enormes burbujas, como la inmobiliaria que hemos vivido en España) conlleva un riesgo. Toda burbuja explota, con consecuencias negativas para la economía y, más importante, para el bienestar de la población, como hemos visto en España. Ahora bien, lo que es importante subrayar es que el riesgo no lo asume la banca, pues cuando está en dificultades (es decir, cuando corre el peligro de colapsar) inmediatamente viene el Estado (es decir, los ciudadanos que pagamos impuestos) y la “rescata”, con lo cual la banca nunca se arriesga, pues sabe que el Estado benefactor la salvará. Se ha creado así una complicidad banca-Estado que está en la raíz de la crisis financiera.
¿Qué es lo que debería hacerse?
A la luz de esta evidencia está muy claro qué es lo que debería hacerse, y que se resume en hacer casi lo opuesto a lo que la mayoría de gobiernos a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y la UE) han estado haciendo. Las soluciones desde el punto de vista de política económica son muy fáciles de entender, aunque, por desgracia, no son fáciles de ver o de leer en los medios españoles, debido al abusivo control de estos medios por parte de los grupos económicos y financieros que han originado la crisis y se han beneficiado de ella. Es probable que usted, lector, no haya leído esta explicación en los medios porque la mayoría de ellos están influenciados, cuando no controlados, por los grupos económicos y financieros que dominan la economía de estos países. Y ello ocurre no solo en los medios privados (poseídos por grupos empresariales privados), sino también en los públicos (controlados por partidos políticos próximos, cuando no financiados, por tales grupos).
El mayor obstáculo para resolver el grave problema actual no es económico, sino político, pues el cambio propuesto implica un enfrentamiento con grupos muy poderosos: en primer lugar, nos encontramos con el enorme poder del 1% de la población de más renta (los súper ricos), al cual hay que sumar, en segundo lugar, el 10 ó el 15% de renta superior, es decir, de la clase media de renta alta, la clase media profesional, que está al servicio de aquel 1%, gestionando los aparatos de la reproducción del sistema a través de la difusión de valores, percepciones, creencias, recursos e instituciones que sostienen el dominio político y la hegemonía ideológica cultural en tales países.
Estos cambios pueden hacerse en España
Quisiera hacer aquí una reflexión, motivada por el hecho de que percibo que se está extendiendo en España una percepción que está creciendo rápidamente, incluso en círculos progresistas, de que tales cambios hoy no se pueden hacer a nivel nacional, pues se considera que la globalización económica en general y la europeización de la economía española en particular imposibilitan tales cambios, a no ser que haya un cambio a nivel mundial o, en el caso español, a nivel de la UE o al menos de la Eurozona.
Ni que decir tiene que hay elementos de tal opinión que son acertados, excepto cuando concluyen –como lo hacen a menudo- que no hay nada que hacer hasta que se cambie lo supranacional. En esta percepción, los Estados-nación han desaparecido o deberían desaparecer (algo en lo que autores como Toni Negri continúan insistiendo). El argumento de la globalización (que los conservadores y liberales -y Negri- aplauden) ignora que la economía mundial ha estado siempre globalizada. En realidad, estaba más globalizada a principios del siglo XX que ahora. Y también ignora que algunos de los países más globalizados, como los países nórdicos europeos (que son los que tienen mayores indicadores de globalización), son los que tradicionalmente han tenido salarios más altos y Estados del Bienestar más desarrollados. El conflicto Capital-Trabajo (que solía llamarse “lucha de clases”) tiene lugar predominantemente (pero no exclusivamente) a nivel de Estado-nación. Y ello continúa siendo así. En realidad, el problema no es la globalización, sino el tipo de globalización, que sistemáticamente favorece a los Estados-nación más dominantes en el área internacional o en la Eurozona. Hoy los Estados-nación juegan un papel clave en la reproducción del orden (mejor dicho, desorden) internacional. No hay empresas multinacionales. Son empresas transnacionales.
Naturalmente que se necesita llevar las estrategias de cambio a nivel global y/o a nivel de la Eurozona. Pero esta estrategia conlleva la articulación de las luchas que tienen lugar a nivel de cada Estado-nación con las luchas a nivel de las instituciones europeas, unas instituciones que –de nuevo- son controladas y hegemonizadas por los grupos económicos y financieros dominantes de los Estados-nación como Alemania, aliados con los establishments financieros y económicos de cada país. El establishment financiero-económico español, a través del gobierno Rajoy, está consiguiendo lo que siempre ha deseado (la reducción salarial, y el desmantelamiento del Estado del Bienestar) con la inestimable ayuda del gobierno Merkel en Alemania, que representa los intereses financieros y económicos dominantes de aquel país. En contra de lo que se está diciendo, los Estados-nación juegan un papel clave en la reproducción de aquel dominio. La evidencia científica que apoya tal tesis es abrumadora. Las empresas mal llamadas multinacionales, son en realidad transnacionales, es decir, están basadas en un Estado-nación. Telefónica, prototipo de lo que se define como una multinacional, es una empresa española. El hecho de que su producción y distribución ocurra en varios países, no quiere decir que sea propiedad de varios países. En realidad, para entender el comportamiento de Telefónica, hay que entender la relación entre aquella empresa y el Estado español. Son, pues, los Estados los que continúan teniendo un gran protagonismo en la esfera mundial. Atribuir la continuidad de las políticas neoliberales por parte del Estado español a la imposibilidad de cambiarlas debido a la europeización de la economía española es hacerle el juego al argumentario de las élites dominantes en el país. Naturalmente que el sistema de gobernanza de la UE dificulta enormemente la posibilidad de cambios en cada país. No hay duda de ello. Pero que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Hay que romper con un determinismo globalizador que está paralizando a las izquierdas, mostrando que sí que hay alternativas, tal como Juan Torres, Alberto Garzón y yo mostramos en su día, cuando escribimos el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España (2011).
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Futuro y fuga del

Donald Trump y el nuevo orden mundial que se avecina

Con su orientación nacionalista, Trump abandona las estrategias hegemonialistas de la política estadounidense y deja el camino expedito a quienes estén dispuestos a cargar con responsabilidades globales. Este texto versa sobre las oportunidades y los riesgos que ofrece el cambio que se avecina en la política mundial.

Como muy tarde después de la desaparición de la Unión Soviética, quedó en el aire la cuestión sobre el modo en que los EEUU, la superpotencia sobreviviente, abdicaría y saldría de escena. Había al respecto diversas teorías. La mayoría se inclinaban por los desbordantes déficits económicos de los EEUU, el déficit comercial y el endeudamiento público. Podría ocurrir, según una tesis particularmente estimada, que un buen día esos déficits llevaran a un desplome, en el transcurso del cual el dólar perdería su función de moneda de reserva mundial y los EEUU, su supremacía política planetaria.

O bien, esta otra tesis: en caso de conflicto, Rusia y China podrían lanzar al mercado sus considerables reservas de títulos del Tesoro norteamericano y desencadenar un desplome de los bonos estadounidenses y del dólar.

Nada de todo eso ocurrió. Ni siquiera la grave crisis financiera de 2008 logró afectar a la hegemonía estadounidense. A despecho de una deuda pública rayana en los 20 billones de dólares, los inversores siguieron considerando los bonos del Tesoro norteamericano y el dólar inversiones seguras, particularmente apetecibles en tiempos de crisis.

Con la elección de Donald Trump como nuevo Presidente de los EEUU las cosas están ahora claras. Análogamente a como hizo su otrora contraparte a fines de los años 80, la superpotencia EEUU se despide con una suerte de implosión. Debilitada y dividida internamente como está, no puede ya seguir sus estrategias imperiales. Y como le ocurrió a la Unión Soviética, no hay desplome a la vista que precipite el fin, sino que se trata de un cambio político inesperado que, bien mirado, no resulta en absoluto tan sorprendente.

Decidiéndose por Trump, los electores norteamericanos han sacado el foco de la política estadounidense encumbrada en su papel de dirección global para bajarlo a las llanuras de la sociedad norteamericana, a las realidades menos lustrosas de la vida cotidiana en las regiones económicamente deprimidas y en las comunidades socialmente desarboladas.

Visto así, tiene cierta lógica que también hayan echado por la borda la fe en el progreso y las pretensiones de modernidad y liberalidad con que los EEUU habían fundamentado su papel dirigente y hayan hecho Presidente a un nacionalista reaccionario que promete dar marcha atrás a la rueda de la historia y que en campaña electoral se ciscó a calzón quitado en los valores de la nación norteamericana moderna y globalizada.

La hegemonía global se funda en la capacidad de integrar en el propio poder y en los propios intereses estratégicos a otros Estados de modo tal, que esos Estados vean también en ello ventajas para sí mismos y terminen, más o menos voluntariamente, cooperando.

Los países industrializados occidentales necesitan mantener su posición hegemónica para asegurarse a escala planetaria el acceso a mercados comerciales, recursos minerales, empresas estatales, tierras fértiles y fuerza de trabajo barata. Por eso en su modelo de dominación las estrategias de libre comercio y permanente apertura de mercados y sociedades a los intereses de los negocios del capital mueble juegan un papel central.

Pero para que ese modelo de dominación funcione, los países industriales rectores tienen que pagar un precio. Los puestos de trabajo se marchan a países con salarios más bajos. Más y más desarraigados procedentes del Sur cruzan hacia el Norte las fronteras en busca de mejores oportunidades vitales. En la campaña electoral estadounidense, esos asuntos jugaron un papel importante, y no sólo para Trump. También el candidato de la izquierda, Bernie Sanders, criticó las estrategias de libre comercio de los EEUU y sus consecuencias para los trabajadores norteamericanos.

Así, por ejemplo, el tratado de libre comercio para América del Norte (NAFTA) suscrito por EEUU, Canadá y México habría costado cerca de 700.000 puestos de trabajo a los EEUU. Desde la incorporación de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001, se han perdido más de 2 millones de empleos industriales. Mientras que las grandes empresas estadounidenses pudieron construir y afianzar su papel dirigente a escala planetaria, los trabajadores de su propio país perdieron puestos de trabajo estables y poder de negociación sindical.

A lo que hay que añadir otro efecto lateral indeseado. El conjunto de países en el umbral del desarrollo, señaladamente China, ha conseguido sacar provecho de los mercados mundiales, armar su fortaleza económica y poner en cuestión el dominio global de los países industriales occidentales.

Pronto será China –por su PIB— la mayor potencia económica del mundo. En algunos grandes países en vías de desarrollo los estratos medios han experimentado un auge sin precedentes, mientras que, en cambio, la situación de los trabajadores y de las capas medias bajas en los países industriales hasta ahora dirigentes no mejoró o empeoró. Mientras en los EEUU de la crisis financiera muchas personas de clase media se quedaron sin techo, en China un simple trabajador podía convertirse en multimillonario.

La agenda hegemonial de los EEUU se ve, pues, confrontada, por un lado, con la creciente insatisfacción de los trabajadores y los estratos medios desclasados y, por el otro, con el creciente poder de los países en vías de desarrollo robustecidos económicamente, los cuales pretenden ahora –sobre todo los BRICS: Brasil, Rusia, India, China, Suráfrica— codeterminar las reglas del juego de la economía mundial y sus instituciones.

En ese telón de fondo, la victoria electoral de un político nacionalista como Donald Trump representa un punto de inflexión. Trump ha anunciado en su campaña electoral que los EEUU no seguirán pagando el precio de sus estrategias hegemónicas. Ni pérdida de puestos de trabajo, ni inmigración procedente del Sur, ni transferencias de poder en desfavor de los EEUU.

Trump y el final de un proyecto antidemocrático

“Podemos darle la vuelta a todo, y podemos hacerlo rápido”, prometió Trump con la vista puesta en la masiva perdida de puestos de trabajo en industrias tradicionales como el acero y la producción automovilística. Trump quiere “traer de vuelta” los puestos de trabajo y “hacer grande de nuevo a América”.

Para conseguir darle la vuelta a todo, Trump se propone, entre otras cosas, llevar a cabo un giro radical en la política comercial. Un giro que convertiría la actual arquitectura de la política estadounidense de libre comercio en una escombrera.

El Tratado de Asociación Transpacífica (TPP), ya firmado, es según Trump, “un desastre potencial para el país”, razón por la cual quiere rescindirlo desde el comienzo mismo de su mandato. El Tratado de Libre Comercio para América del Norte (NAFTA) –“el peor negocio de todos los tiempos”— deberá ser renegociado. El TTIP, el planeado tratado entre la UE y los EEUU, ha sido discretamente congelado por la UE desde el triunfo electoral de Trump. Contra China procederá Trump con aranceles punitivos y pleitos en la OMC.

Lo cierto es que en nada de lo que se propone puede estar más seguro Trump de que encontrará un amplio apoyo en la sociedad norteamericana. Hasta Hillary Clinton tuvo que distanciase –ya fuera retóricamente— del TPP en la campaña electoral. Dennis Williams, presidente del sindicato obrero automovilístico United Automobil Workers (UAW) –400.000 afiliados—, que apoyó a Clinton en la campaña electoral, ofreció a Trump inmediatamente después de su victoria colaboración en este punto. De modo parecido se manifestó Richard Trumka, jefe de la poderosa federación sindical AFL-CIO.

La perspectiva de un final abrupto del gran proyecto occidental de libre comercio propició desconcierto e inseguridad en el otro lado del Atlántico, no menos que en el otro lado del Pacífico. Porque el TPP y el TTIP eran mucho más que meros tratados de libre comercio. Con ellos quería defender Occidente su poder para determinar las reglas de la globalización.

Los países industriales dirigentes habían venido teniendo cada vez más problemas para imponerse en la OMC. Porque la situación había cambiado fundamentalmente gracias al robustecimiento de países en el umbral de desarrollo como India, China y Brasil. Los países del Sur global tenían ahora, en conjunto, más poder negociador. Les fue, por ejemplo, posible, disponiendo de suficiente personal calificado y de representantes en todas las comisiones de trabajo, observar y percatarse de los distintos riesgos que podían correr. En suma: la OMC se convirtió en una organización relativamente democrática.

Demasiado democrática para el gusto de occidente. La “Ronda de Doha” puesta en marcha por la OMC en 2001 con gran alarde publicitario, y en la que tenía que negociarse un ambicioso programa global de libre comercio, fracasó porque no pudieron ponerse de acuerdo en torno a las propuestas de los países industrializados. Los EEUU pasaron entonces a formar coaliciones con sus partidarios promoviendo los proyectos TTIP y TPP, a fin de poner bajo presión al resto del mundo.

Complementariamente, la UE negoció con Canadá el Tratado CETA. Los Estados africanos y caribeños fueron forzados por la UE a firmar tratados de libre comercio bajo la amenaza de retirarles los beneficios aduaneros para sus exportaciones existentes desde hacía décadas. También con –hasta ahora— tres Estados de la Comunidad andina (Perú, Colombia y Ecuador) logró este tipo de tratado la UE.

Si todos esos tratados entraran en vigor, estaría ya una parte considerable del planeta sometida a un régimen de libre comercio que afecta a ámbitos vitales de prestación de servicios, seguridad alimentaria y acceso a medicamentos, lo que redundaría en el ulterior robustecimiento del poder de las empresas que actúan a escala global frente a los Estados y las sociedades.

El acceso a los mercados de los Estados que no participaran empeoraría notablemente. De modo que incluso Estados ya en el umbral del desarrollo, como India y China, pueden ser presionados para firmar tratados de este tipo o para sumarse a acuerdos ya existentes.

“Nosotros” deberíamos determinar las reglas de juego de la globalización, ha repetido también una y otra vez el gobierno alemán, y no deberíamos dejárselo a “los chinos”. Efectivamente, TPP, TTIP y compañía siguieron desde el comienzo un curso antidemocrático. Se proponían instalar un régimen global de libre comercio contra la voluntad de la mayoría de los miembros de la OMC.

Que ahora precisamente un magnate económico neoliberal como Donald Trump se proponga impedir ese proyecto antidemocrático, parece una ironía de la historia. Pero acaso se trate también de una astucia de la historia. Pues precisamente éste sería el papel que habría tenido que jugar el candidato de la izquierda, Bernie Sanders. Sanders ya había pronosticado acertadamente en 1993 los efectos desastrosos del Tratado NAFTA, y ha convertido la crítica al TPP en uno de los temas importantes de la precampaña electoral Demócrata. Pero fracasó como candidato a Presidente ante Hillary Clinton.

Sanders es sin la menor duda el crítico más solvente y más creíble de la política de libre comercio. Pero, como Presidente de los EEUU, ¿habría podido imponerse con una desviación tan radical de las estrategias hegemónicas de los EEUU? ¿No habría estado en una posición todavía más desventajosa que la de un Barak Obama que tenía tras de sí a todo su Partido?

No es difícil de imaginar la concertada cacería contra un Sanders Presidente a la que se habrían librado Wall Street, los medios de comunicación “respetables”, los Republicanos, el establishment de los Demócratas y el habitual séquito de economistas apoltronados. Se le habría reprochado un vétero-socialismo rancio y tan ajeno a la realidad como cabezonamente dispuesto a arruinar la economía y a poner en riesgo la creación de puestos de trabajo. En caso de que hubiera osado simplemente a rescindir el acuerdo TPP firmado por Obama, se lo habría declarado una peligrosísima amenaza para el conjunto de la economía mundial.

Por loco que ello pueda parecer, lo cierto es que el crudo nacionalista Donald Trump parece ser el hombre adecuado para esta tarea. Tiene con su Partido mayoría en ambas cámaras del Congreso. Con su obstinación, su rudeza, sus deliberados juegos de confusión y su consecuente desprecio por la corrección política, Trump ha demostrado tener una independencia y una fuerza que ya le permitieron imponerse electoralmente a los medios de comunicación y al conjunto del establishment.

Tal vez se necesite a alguien como Trump para sacar a los EEUU de su papel de superpotencia. A alguien que pueda transmitir creíblemente que así les irá mejor a los ciudadanos estadounidenses y que América recuperará su vieja grandeza.

Vuelta a la política clásica de la gran potencia

En la mentalidad empresarial de Trump, los tratados multilaterales de libre comercio a largo plazo tienen la desventaja de que los EEUU no pueden hacer valer plenamente su poder económico y geoestratégico en cada momento y en cada país concreto, porque quedan atados por acuerdos engorrosamente generales.

Tampoco la política exterior instigadora de cambios de régimen político con la que Obama y sus precursores han intervenido a fuego en guerras civiles interminables ha tenido para las grandes empresas estadounidenses más que una utilidad muy limitada. La estrategia de confrontación con Rusia no fue, desde luego, un buen negocio. Putin no cayó, sino que intensificó su colaboración con China y los otros Estados BRICS, con el resultado final de que los cambios en las relaciones de fuerza global dieron un impulso adicional a los Estados BRICS. Para el mundo norteamericano de los negocios, Trump puede darles probablemente más consiguiendo el acceso a las inmensas riquezas rusas en materias primas a través de una política de acuerdos y cooperación. Para “recuperar la grandeza” de la economía estadounidenses y, con ella, de América, Trump se sitúa en un formato político-mundial más reducido. Se aparta de las estrategias de dirección global y configuración económica del mundo y regresa a la política clásica de gran potencia.

Qué aspecto concreto cobrará esto, está por ver. Lo claro es que Trump no actúa precisamente como alguien inclinado a rehuir los conflictos. Cuando no deja de proclamar que pasará la factura a México por la construcción de un muro fronterizo, eso suena a amenaza de un señor colonial que exige a sus tributarios que pasen por caja. Los países latinoamericanos fuertemente vinculados económicamente a los EEUU son quienes particularmente más razones tienen para temer la política de robustecimiento económico y militar de Trump.

Difícilmente podrá conseguir Trump por esta vía una reversión de las cambiadas relaciones de fuerza globales. Su ruido de sables frente a China, por ejemplo, la amenaza con aranceles punitivos y pleitos en la OMC, no es nada substancialmente nuevo.

Desde la entrada de China en la OMC, los EEUU y la UE han planteado más de 20 pleitos contra China. Nunca han dejado de utilizar el arancel punitivo: contra los neumáticos de automóvil chinos en 2009, contra los tubos de acero chinos en 2010, contra las células solares chinas en 2012: ¡y con tasas de hasta el 250%! Sólo el año pasado, 27 países llegaron a promover un total de 119 causas jurídicas contra las exportaciones chinas. Nada de eso pudo frenar el auge de China y el poderío exportador chino.

Se abre un espacio político

En vez de eso, lo que parece anunciarse es un efecto muy distinto e imprevisto de la orientación de Trump hacia una política de gran potencia tradicional. Con su nacionalismo y su rechazo de las estrategias de hegemonía global, Donald Trump abre un espacio político para la configuración de un nuevo orden internacional. Deja la vía libre para quien quiera asumir la responsabilidad global.

Por paradójico que ello pueda sonar, un giro nacionalista inducido por Trump en la política estadounidense ofrece al resto del mundo una oportunidad para configurar más democráticamente el mundo multipolar y enfrentarse conjuntamente a los grandes problemas globales: la regulación de la globalización económica, la defensa global del medio ambiente, la mejora de la situación y de las perspectivas de los 60 millones de refugiados que hay en el planeta, un procedimiento internacionalmente acordado contra el terrorismo islámico radical.

Una anticipación de eso se dio ya antes de la toma de posesión del Presidente electo. En la cumbre climática de Marrakech del pasado noviembre imperaba al comienzo un gran desconcierto tras las elecciones estadounidenses y el anuncio de Trump de que se descolgaría del Acuerdo de París. Hasta que el representante de Pekín anunció que China seguirá colaborando. India, Brasil y Rusia se sumaron, salvando así el encuentro de alto nivel. Erik Solheim, el jefe del programa medioambiental de NNUU, habló entonces de un “nuevo orden mundial general”. China y otros países en el umbral de desarrollo habrían “tomado la dirección de la política climática”.

Qué aportarán China y los otros Estados BRICS a la configuración de las relaciones económicas globales, está por ver. En cualquier caso, hasta ahora, el estilo de los chinos no ha sido el de extorsionar económicamente a otros países y forzarlos a desmantelar aranceles u otros sectores de prestación de servicios básicos para abrirlos a la concurrencia exterior, como, en cambio, sí hizo la “democrática” UE con los Estados africanos.

China siempre ha apoyado en las organizaciones internacionales las inquietudes del grupo de los 77 en que se han coaligado los países del Sur global. Cuando Argentina fue atacada hace un par de años por los fondos buitres norteamericanos quedando insolvente, fueron los chinos quienes la ayudaron a llegar a fin de mes con generosos créditos y permutas de divisas, mientras que el ministerio estadounidense de finanzas intervino a favor de los fondos buitres.

Los Estados BRICS vienen exigiendo desde hace mucho tiempo una modernización de los organismos de NNUU y –por ejemplo en el caso del FMI y del Banco Mundial— su democratización. Son, una vez más paradójicamente, países gobernados no democráticamente como China y Rusia los que quieren regular democráticamente la globalización, mientras que los representantes de Occidente, que siempre presumen de “valores occidentales”, se aferran a escala global a estructuras antidemocráticas.

Un nuevo comienzo democrático de la política mundial no sólo desequilibraría la balanza del poder a favor de los países ya en el umbral del desarrollo. También los países del Sur dispondrían de mejores oportunidades para hacer que pesaran más sus inquietudes –seguridad alimenticia, protección medioambiental, asistencia sanitaria básica— que la libertad del comercio y de los inversores. Se discutiría abiertamente en los organismos internacionales sobre la configuración de la globalización, lejos de esas negociaciones secretas del TTIP, del TPP o del CETA, en las que los intereses de las grandes empresas globalizadas pueden ser discretamente atendidos y servidos.

Aquí hay sobre todo un problema: todo esto sólo es posible, si Europa colabora. Y hasta ahora no parece que la UE haya reconocido los signos del tiempo. Aquí estamos aferrados a la idea de que sólo los países industriales occidentales pueden definir las reglas de la globalización. En una mezcla de cabezonería y delirio de grandeza, los europeos se empeñan en seguir como si nada los pasos de Obama. “La UE es una superpotencia”, declaró Frederica Mogherini pocos días después de las elecciones en EEUU. Y el ministro luxemburgués de exteriores, Jean Asselborn, la secundó: “Somos una superpotencia”.

Así que la UE se ve ahora como el motor principal del régimen de libre comercio global. La mayoría de los “Tratados de asociación económica” con la UE a que fueron forzados los Estados africanos se hallan todavía en proceso de ratificación. En América Latina, la UE aspira a negociar nuevos tratados. Luego de que en Brasil y en Argentina las viejas elites reaccionarias hayan logrado recuperar el poder, hay buenas posibilidades de llegar a un acuerdo de libre comercio con la alianza económica que es el Mercosur. Las negociaciones comenzarán inmediatamente, a comienzos de este año. Y para facilitar las cosas, ya se ha excluido a la recalcitrante Venezuela del Mercosur.

Quiere hacerse ahora del CETA la regla de oro de todos los futuros tratados de libre comercio. Porque, igual que estaba previsto para el TTIP, el CETA ofrece una jurisdicción particular para los inversores extranjeros, así como una “cooperación reguladora” que permite a los lobistas económicos bloquear de antemano nuevas iniciativas legislativas.

El CETA tiene, además, una peculiar ventaja. Puesto que todas las grandes empresas estadounidenses tienen filiales en Canadá, también ellas podrían aprovecharse del tratado. Las empresas estadounidenses lograrían a través del CETA mejor acceso a los mercados europeos, a los sectores de servicios, a las licitaciones públicas, y todo eso con las correspondientes posibilidades de litigar y pleitear, sin que las empresas europeas tuvieran, en contraprestación, los mismos derechos en los EEUU. Una acuerdo perfecto para Donald Trump.

Gabriela Simon,

Sin Permiso

El problema del pasado es que no pasa

El Profesor

Boaventura de Sousa Santos
Página/12
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Este año se conmemora el centenario de la Revolución Rusa –me refiero exclusivamente a la Revolución de Octubre, la que sacudió el mundo y condicionó la vida de cerca de un tercio de la población mundial en las décadas siguientes– y también se conmemoran los 150 años de la publicación del primer volumen de El capital de Karl Marx. Juntar ambas efemérides puede parecer extraño, porque Marx nunca escribió con detalle sobre la revolución y la sociedad comunista y, de haberlo hecho, resulta inimaginable que lo que escribiese tuviera cierto parecido con lo que fue la Unión Soviética (URSS), sobre todo después de que Stalin asumiera la dirección del partido y del Estado. La verdad es que muchos de los debates que la obra de Marx suscitó durante el siglo XX, fuera de la URSS, fueron una forma indirecta de discutir los méritos y deméritos…

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Así anda el mundo

Oxfam, Davos y los pronósticos del FMI
 Juan Manuel Karg

Las estadísticas desplegadas por la ONG Oxfam en torno a la desigualdad creciente en el mundo no dejan lugar a dudas: estamos ante uno de los momentos de mayor concentración de la riqueza de las últimas décadas, donde justamente el neoliberalismo se expandió a escala global. ¿En qué cifras concretas se expresa esto? ¿Hay alguna contratendencia regional? ¿La desigualdad es mayor para las mujeres? Vayamos por partes.

Ocho hombres -Bill Gates, Warren Buffett, Carlos Slim, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Amancio Ortega, Larry Ellison and Michael Bloomberg- disponen de una fortuna sumada de 426 mil millones de dólares, equivalente a los recursos de 3.600 millones de las personas más pobres del mundo, de acuerdo al más reciente análisis de este organismo. En el informe también se da cuenta de los 7,6 billones de dólares ocultos en paraísos fiscales, y de la profunda desigualdad de género, que se verifica en un dato puntual: de los 1810 millonarios del mundo, el 89% son hombres.

Como contratendencia, Oxfam cita a América Latina y particularmente a Brasil, durante los períodos de gobierno de Lula, mencionando los aumentos del salario mínimo y las políticas de ampliación de derechos sociales (allí está el ejemplo de las empleadas domésticas, tomado en el informe como paradigmático en cuanto a la inclusión). Paradójicamente, todo ello está hoy puesto nuevamente en jaque, visto y considerando la ley PEC 55 -prevé el congelamiento de inversión social por los próximos 20 años- que implementará el gobierno de facto de Michel Temer, que arribó a Planalto a través de una maniobra destituyente que fue catalogada como “golpe parlamentario” por diversos analistas y medios de comunicación.

Primera conclusión: mientras América Latina conseguía, durante la última década y media, un pujante cuestionamiento al neoliberalismo, este avanzaba raudamente a escala global, tal como demuestra el informe de Oxfam, aún cuando la unipolaridad norteamericana comenzaba a ser cuestionada. El intento de “restauración conservadora” que actualmente emerge en la región viene a profundizar -y en algunos casos a instaurar- localmente un modelo que es desigual globalmente, pero que en nuestra región había quedado severamente cuestionado tras las profundas crisis económicas y políticas de inicio del siglo XX.

Segunda conclusión: el mundo va camino a un “cuello de botella” cada vez más extendido, que amenaza cualquier tipo de estabilidad política-económica a mediano plazo. “En los próximos 20 años, 500 personas legarán 2,1 billones de dólares a sus herederos, suma que supera el PBI de India (1.300 millones de habitantes)” dice Oxfam, ilustrando en un ejemplo bien concreto los peligros que asoman en el horizonte.

Al momento de conocerse esta información, que llega año tras año en la previa al Foro Económico Mundial de Davos, también se conocen las proyecciones “a la baja” del FMI para toda América Latina de cara a 2017. Estos datos son especialmente significativos para Brasil y Argentina, cuyas nuevas gestiones de gobierno habían sido saludadas por las autoridades del FMI por su orientación abiertamente libre-cambista.

“La revisión a la baja en América Latina refleja en gran medida una menor expectativa de recuperación a corto plazo en la Argentina y en Brasil, tras las cifras de crecimiento que defraudaron las expectativas en torno al segundo semestre de 2016” cita textualmente el informe, que entierra las previsiones anteriores (en octubre de 2016, Argentina aparecía con una previsión de crecimiento de 2.7% para 2017)

Tercera conclusión: el mundo del Foro de Davos y el FMI es a todas luces distante de las necesidades diarias de miles de millones de personas, que son precisamente las que tienen que “sacrificarse” en vías a un futuro que, desde los discursos de la ortodoxia liberal, siempre es prometedor, pero al que jamás se llega por la vía del “derrame”.

Por Juan Manuel Karg

Politólogo UBA / Analista Internacional

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100 ejemplos de palabras relacionadas con la paz.

El Profesor

Aquí tenéis 100 ejemplos de palabras relacionadas con la paz. Una selección de conceptos relacionados con la paz. Lista de sinónimos de paz e ideas afines relacionadas con la paz.

a través de 100 palabras relacionadas con la paz — Blog de Jack Moreno

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Pragmatismo antiético

El Profesor

Pragmatismo antiético del mercado

Por Frei Betto*

En las páginas iniciales del primer libro de la Biblia, el Génesis, sobresale el tema de la ética: en el centro del jardín del Edén había un árbol del bien y del mal. El árbol es el símbolo claro de que toda la organización de la vida humana debe ser planificada en torno a principios éticos.

La ética exige una respuesta de cada uno de nosotros: ¿busco mi felicidad, aunque sea a costa de la infelicidad ajena; o busco la felicidad de todos, aunque la mía esté acompañada del sacrificio de la propia vida?

Nacemos para la libertad. Si somos libres tenemos siempre ante los ojos un abanico de opciones. Podemos optar por la opresión o por la liberación, por la competitividad o por la solidaridad.

Cada una de nuestras opciones, tanto personales como sociales, se fundamenta en una raíz ética o antiética…

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