Mesa de Análisis y Desarrollo

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El valor del símbolo y el chillido de los cerdo

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 No me cansaré de repetirlo: hay que saber lo que dice y piensa el enemigo. Si hay alguna posibilidad de ganar, si hay alguna posibilidad de adelantarse a lo que pueda estar haciendo es, entre otras cosas, conocerlo. Y saber que lo que te cuenta a través de los medios de propaganda, antes llamados de comunicación, es la inmensa mayoría de las veces falso y con una finalidad clara: anestesiar mentes y consolidar la sumisión.

Una de las historias que repiten machaconamente y que se interiorizan hasta formar parte de los genes de quienes van de progres es lo de la superioridad de Occidente: moral, política, económica, de todo tipo. Nada más falso. Occidente se está derrumbando, estamos en lo que Gramsci dijo hace un siglo: la crisis se produce cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Lo viejo es Occidente, lo nuevo son los procesos que están en marcha como los BRICS, el Banco Asiático de Infraestructuras e Inversiones (BAII), la Organización para la Cooperación de Shangai (OCS)… incluso las cada vez más descafeinadas Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) o Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Se continúa con el cuento para niños de “los países más ricos del mundo” como el G-8, con el cuento para niños de la “importancia de las sanciones” -asï como de su legitimidad- y de que estas sanciones hacen mucho daño y doblegan a los gobiernos que las sufren. Mejor dicho, quienes las sufren son siempre los pueblos y lo que se pretende con ellas es que los pueblos se subleven contra los gobiernos haciendo, así, el trabajo sucio a Occidente. Las sanciones contra Irak durante la etapa de Saddam Hussein causaron un millón y medio de niños muertos, “un mal necesario para lograr el objetivo que se persigue”, como dijo la democrática Madeleine Albritgh, secretaria de Estado de EEUU en esa época. Las sanciones contra Irán han pretendido doblegar al gobierno, impulsando movilizaciones como el famoso, y fracasado pese a la retórica occidental -aunque también hubo una cierta represión, eso es cierto- Movimiento Verde, aunque sí han servido para que se llegase al acuerdo nuclear de Viena. Las sanciones contra Rusia pretenden doblegar al gobierno y que vuelva al redil occidental, donde estaba durante la etapa de Medvedev (y antes de Yeltsin). En este sentido, es muy aleccionadora la lectura del libro de Naomi Klein, “La doctrina del Shock”, otro de los que forman parte de mi bliblioteca.

Pero, como dice un dicho popular español, “la mentira tiene las patas muy cortas”, es decir, tienen escaso recorrido (salvo para los incautos y los que van de progres). Así lo acaba de reconocer el Banco Mundial. Mirad este gráfico que acaba de hacer público.

Lo que se ve es que el G-8 es una filfa, y que desde hace mucho tiempo vivimos de mentira en mentira. El G-8, del que fue expulsado Rusia hace ya casi un año, estaría hoy compuesto por tres países occidentales (incluyendo a Japón), cuatro de los cinco que componen los BRICS e Indonesia. Empezando por ahí.

Es muy probable que las sanciones contra Rusia tengan como objetivo que la situación vuelva a la “normalidad”, es decir, a la primacía de Occidente sobre el resto del mundo. Pero cuando se ven cosas como que China supera a EEUU (algo ya sabido) y que Rusia supera a Alemania (algo desconocido) es que el mundo no es como nos cuentan. La verdad es la que es, la diga Agamenón (el BM) o su porquero (yo mismo). Lo que pasa es que no se suele hacer caso a lo que dice el porquero y sí lo que dice Agamenón. Aunque, ahora que lo pienso, mejor citar a Lenin cuando dijo que la verdad es siempre revolucionaria. Las cifras del BM confirman el declive inexorable de Occidente. Es, también, muy probable que con las sanciones contra Rusia este país ceda uno o dos puestos en esta lista, pero será siempre coyuntural puesto que volverá a estar donde está en muy corto plazo de tiempo. Incluso más arriba.

Por eso cuando los medios de propaganda siguen insistiendo en lo mismo (los españoles, por ejemplo, llevan días hablando -mal, por supuesto- de Rusia) no sólo hay que ser cautos, sino echarse a reír. Por ejemplo, mientras ayer el Banco Mundial publicaba su lista el The Guardian británico titulaba en su primera: “Rusia acaba de perder su guerra económica contra Occidente”. The Guardian es como El País en España, o como Liberation en Francia, o como Página 12 en Argentina, o como La Jornada en México. Es decir, el icono de los progres que todavía siguen pensando que hay “prensa independiente”. Que haya sido al revés, que Occidente impusiera sanciones a Rusia, es irrelevante. Rusia es mala, Occidente es bueno.

A lo que vamos. Dice este medio de propaganda que como consecuencia de las sanciones -sí, hay que leer más allá del titular para ver que son las sanciones todo el meollo de la cuestión- Visa y Mastercard han dejado de operar en Rusia y que, como consecuencia de ello, Rusia ha perdido 2.900 millones de dólares en transacciones internacionales. Pero resulta que Rusia, desde la primavera de 2014, es decir, desde que se le impusieron las sanciones, está desarrollando su propio sistema de pagos, denominado Mir (Paz, en ruso) y que tiene previsto que entre en funcionamiento en 2016. Aunque ahora Rusia está trabajando con un sistema de pago chino, el anuncio ha puesto a chillar como cerdos a todos los capitalistas. Hasta el punto que Mastercard se ha aprestado a firmar un acuerdo con Rusia para volver a operar en su territorio. Pero ahora ya Mastercard habla de forma mucho más humilde y sabe que ha perdido una parte muy importante del “mercado” que tenía. No digamos Visa.

Y no digamos los Estados occidentales, Porque Rusia está poniendo en marcha, también o además, su propio sistema de control financiero internacional. Ha habido intentos occidentales por retirar a Rusia del SWIFT (Sociedad de Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales) pero no han fructificado. Por cierto, también lo intentó Occidente cuando las sanciones a Irán. Por si acaso, Rusia está poniendo en marcha su propio SWIFT, que tendrá otras siglas y que será importante para la nueva configuración que se está dando en Eurasia.

El mundo del siglo XXI ya no gira sobre Occidente, sino sobre Eurasia y os lo podré en la próxima entrega, para que la leais con calma (y la interiorizeis) este fin de semana. He encontrado un artículo espléndido y que es digno de reproducir y difundir. Tal vez haya quien piense que este reconocimiento del BM de que la economía no es la que nos cuentan, que el poder de Occidente no es tal poder, sólo es un símbolo. Pero es el valor del símbolo, y no es otra cosa que la certificación de una defunción, la de Occidente. Porque un nuevo orden mundial ya está en marcha y por eso Occidente chilla como los cerdos en el matadero.

El Lince

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